La piscina natural de Guadalajara «hundida» en el Alto Tajo


Guadalajara es una provincia modelada por la acción del agua, por un río Tajo inquieto que nace en un lugar casi fronterizo entre Teruel y Guadalajara y desemboca en la atlántica Lisboa. A su paso por Castilla-La Mancha, se adentra en uno de los parques nacionales más grandes de España: el Parque Nacional del Alto Tajo, donde durante miles de años el Tajo ha tallado un profundo cañón de paredes verticales. En el siglo XVI, un gran desprendimiento de rocas que prácticamente colapsó el curso del río formó el Hundido de Armallones. Aunque no se sabe la fecha exacta, se conservan los documentos que el pueblo de Ocentejo envió a Felipe II en 1578 con el objetivo de notificar lo ocurrido y pedir ayuda por los daños causados.

Cómo llegar al hundido de armallones

El tramo donde se precipitaron las grandes moles conforma una de las piscinas naturales más espectaculares de la provincia, accesible desde la localidad de Ocentejo a través de una georuta de 8 km ida y vuelta con desnivel de 200 metros y una duración aproximada de 3 horas. El sendero pasa por huertos y bosques de sargas, chopos del país y álamos blancos desde donde observar las paredes rocosas del cañón y fenómenos geológicos como cascadas de piedra por donde corría el agua, muy presentes en el Parque Natural del Alto Tajo. El sendero permite, además, observar aves rapaces rupícolas como el águila perdicera, el alimoche, el buitre leonado o el halcón peregrino y aves rapaces forestales como el azor y el gavilán que anidan en las paredes del cañón, así como otras más pequeñas y pasiformes, entre las que destacan el pinzón, carbonero garrapinos. 

 

 




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