la piscina natural que se esconde en el Alto Tajo


En la carretera que parte de Molina de Aragón, la entrada principal a esta zona del Parque Natural, nada hace presagiar esta explosión de color. En estas alturas, el paisaje es meseteño y algo extremo. Las colinas están desnudas. Las vegas, plagadas de campos de cereales, resaltan el tono ocre de todo lo que hay alrededor. Por eso, cuando de repente la carretera se empina hacia abajo y las lomas se sustituyen por cortados plagados de pinos, la sensación de haber cambiado de planeta embelesa a todos. Y eso es solo el principio. Justo cuando la calzada de la CM-210 cruza un Tajo aún recién nacido, un camino sale a la izquierda. Es el comienzo de una pequeña aventura llena de serendipias y pequeñas satisfacciones. 

 

 

El desvío se anuncia con un pequeño cartel y con un parking que aparece junto a una caseta de información. Los hay que prefieren dejar aquí el coche. Otros prefieren adentrarse en una pista habilitada para cualquier tipo de vehículo donde solo está prohibida la circulación con quads. Otros directamente aprovechan esta explanada para bañarse en las pocillas que forma el río antes de pasar por debajo del puente asfaltado. Sea como fuere, la primera impresión es la de estar ante una aventura asequible por un camino que poco a poco se adentra entre pinos esbeltos. Su espesura impide ver con nitidez el río. Pero no pasa nada. Se le oye con claridad, como si prestara un hilo musical al paseo.




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